Terremoto del 19 de septiembre de 1985
Terremoto del 19 de septiembre de 2017
34 años separan ambas fechas en los calendarios. Como si fuera un irremediable déjavu, el recuerdo de los acontecimientos en el primer terremoto dejan de ser recuerdo para convertirse en realidad. Como si un espejo nos regresara la imagen interminable de una realidad que quisiéramos fuera sólo un mal recuerdo.
El escenario nuevamente fue la ciudad de México, edificios devastados, personas atrapadas y/o desaparecidas, pasos desorientados, miradas perdidas, búsqueda interminable.
Ante los acontecimientos, mi colaboración en esta ocasión bien podría iniciar con un prolongado silencio, el dolor que me atraviesa parece que podría impedir el conjunto de vibraciones que permiten la comunicación a través de las palabras, sin embargo en esta ocasión como en tantas otras el silencio no es la opción, es necesario utilizar el poder de la palabra para hermanarnos, para nombrarnos y reconocernos, para exigir y también para reconocer, para acompañarnos entre todas y todos.
Esta mañana me convocan las imágenes de edificios devastados, de personas atrapadas; el conocimiento de que en un edificio derrumbado por el sismo, en este momento hay mujeres vivas atrapadas, mujeres que seguramente son madres, hermanas, hijas, amigas o compañeras de alguien; otro caso estremecedor es el de una escuela destruida por el temblor, en donde continúan las labores de rescate puesto que se tiene identificado que ahí se encuentran pequeños niños y niñas vivas.
En una colaboración anterior mencionábamos que mientras el interés económico prevalezca por sobre el respeto a la naturaleza, la devastación de la madre tierra se revertirá en nuestra contra, la Pacha Mama, la madre tierra se comunica con nosotros y su daño nos llevará irremediablemente a nuestra autodestrucción.
Somos tierra que anda, somos ella y ella es nosotros, simbiosis inseparable.
El espíritu humano muestra su grandeza, ante la devastación y la desolación, miles de brazos se suman para salvar al desconocido, la soledad en la que nos sabemos al sabernos únicos, irrepetibles y mortales, se consuela sólo en la compañía del otro, de ese en quien el sistema nos había dicho que era nuestro enemigo y ahora descubrimos que somos iguales, que esa unidad estaría incompleta sin nuestro abrazo solidario en la acción contundente.
En los pasos que se suman en el camino de la búsqueda, la conciencia de la comunidad, de lo colectivo, se demuestra que lo verdaderamente valioso es la colectividad que lo único que puede cambiar nuestra realidad es la suma de todas y todos.
Historias de valor, solidaridad, empatía y compromiso que en suma reflejan el amor por la vida permiten pensar la esperanza.
Se han escrito también historias de dignidad consiente, como la que apenas sucedió el día de ayer cuando miles de personas trabajaban incansables auto-organizados como si fueran uno solo y de la misma manera respondieron corriendo al Secretario Osorio Chong quien fingiendo empatía pretendía sacarse la foto lucrando con el dolor ajeno, mientras son los causantes de la devastación de la naturaleza, pero eso no impidió a la colectividad seguir trabajando, no permitirieron la distracción hacia el objetivo más importante: salvar al hermano es la misión.
Imágenes que hablan de esperanza, imágenes que hablan de mi patria, de esa patria que los poderosos han ignorado y pretenden anular.
Concluyo con el siguiente poema:
¡Soy de esta tierra señores! ¡yo no soy extraterrestre!,
Por mis guaguitas, yo te cuido pachamama,
Acordémonos de toditos nuestros tatas que se están volviendo tierra
No te caigas madre tierra, no te desprendas del cielo,
Que no choquen las estrellas, ni los planetas entre ellos,
Que mantengan el equilibrio,
Permitiendo de esa forma el equilibrio humano, algún día surgirán los que siendo guaguas junto a sus tatas y abuelos abriendo el agujero con respeto le dieron de comer a su tierra, ellos te cuidarán.
y…Tú que tienes el poder y el destino de muchos en tus manos cuida el equilibrio del universo porque algún día te volverás tierra.
Tú también eres Pachamama
Fortunato Ramos
Poeta Quechua










