Vladimir Putin juró ayer como presidente de Rusia por otros seis años, en medio de un fuerte respaldo popular que se ve opacado por una costosa confrontación con Occidente, una economía frágil e incertidumbre respecto a lo que sucederá cuando su mandato finalice.
La gala fue digna de una ceremonia imperial. Después de que, de manera teatral, se mostrara su salida del Kremlin y se dirigiera al salón Andreyevsky del Gran Palacio en una nueva limusina negra, diseñada por el Instituto Central de Investigación Científica del Automóvil y fabricada completamente en Rusia, sustitiyendo los autos Mercedes Benz utilizados en los tres mandatos presidenciales anteriores.
De pie en el salón con su mano sobre un ejemplar dorado de la Constitución rusa, Putin juró trabajar por el pueblo ruso, defender sus derechos y libertades y proteger la soberanía del país.
“Soy particularmente consciente de mi responsabilidad colosal ante cada uno de ustedes, ante Rusia.
“Haré todo lo posible para aumentar el poder, la prosperidad y la gloria de Rusia”, aseguró el Presidente durante la ceremonia y agregó: “Considero mi deber y el sentido de mi vida hacer todo por Rusia, por su presente y futuro, de paz y progreso; por cuidar de nuestro gran pueblo y de su desarrollo, por el bienestar en cada familia”.
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