Internacional

Declara Dominique Pélicot, acusado de drogar a su mujer para que otros abusaran de ella

«Soy un violador, como todos estos hombres que están en la sala». Así ha arrancado su relato Dominique Pélicot, el hombre acusado de drogar a su mujer durante 10 años para que él y otros hombres la violasen cuando estaba inconsciente. Tras casi una semana ausente por problemas de salud, el principal acusado del caso, en el que hay implicados otros 50 hombres, ha testificado por primera vez. Durante más de ocho horas, Pélicot ha dado su versión de los hechos, los ha admitido y los ha justificado en «la adicción» sexo que dice padecer y en «las experiencias traumáticas» que vivió en la infancia, cuando sufrió abusos.

La declaración se esperaba durante días, pero se había pospuesto por la infección renal que tiene. Hasta hoy, le había impedido comparecer. El acusado ha entrado en la sala de audiencias ayudado de un bastón y vestido con una chaqueta gris, se ha instalado lentamente en una silla medicalizada dentro de la célula acristalada, desde donde ha tomado la palabra.

«Reconozco los hechos en su totalidad», ha dicho nada más comenzar, cuando se le ha preguntado si se considera culpable. Pélicot ha empezado a relatar su vida, con una voz baja, a veces temblorosa, pero semblante serio, como si hablase de otro, no de él. Ha hablado de los abusos sexuales que sufrió por parte de un enfermero en el hospital cuando era un niño, y de lo que su padre le hacía a su madre: también traía a otros hombres a casa para que abusaran de ella.

Su relato era clave por varios motivos. Primero, porque trata de dar respuesta a algo inexplicable: cómo es posible que un hombre pueda hacerle algo así a su mujer, a la que dice querer, y con la que ha estado 50 años, con la que tiene tres hijos y siete nietos. En el plano judicial, porque es el principal acusado del proceso, en el que hay implicados también otros 50 hombres, acusados de violación. Ellos dicen que fueron manipulados por él.

Pélicot, micrófono en mano y semblante serio, ha dicho arrepentirse de todo lo que hizo a su mujer: Durante una década, le dio somníferos para el resto de acusados abusaran de ella mientras estaba inconsciente. Los contactaba en un foro de Internet donde intercambiaban sus fantasías sexuales. Las violaciones las grababa. Hay miles de fotos y vídeos, cuyo contenido ha sido detallado por los investigadores. A veces la violaban varios, incluido él.

Hoy se han conocido nuevos detalles: ha dicho que la violaba dos o tres veces por semana, no siempre acompañado o en presencia de terceros. Así, entre 2011 y 2021. Ha admitido que alguna vez estaban sus nietos en casa, pero «era yo solo el que la violaba, nunca vino nadie».

A pesar de todo lo relatado, él ha insistido: «Yo era feliz con Gisèle. Ella no se merecía esto».Ella ha estado presente en la sala durante toda la declaración, escuchando su relato. Cuando el presidente del tribunal la ha llamado a declarar, ha dicho: «Es difícil escuchar hoy esto que dice el señor Pélicot, durante 50 años he vivido con un hombre del que jamás imaginé ni por un segundo que pudiera cometer estos actos de violación. Le he querido durante 50 años».

Él ha tomado la palabra después: «Soy culpable de lo que he hecho, lo que le he hecho a mi mujer, mis hijos, a la señora M…», ha dicho. En el último caso se refiere a la mujer de uno de los acusados (Jean Pierre M.), a la que también violó. También se le acusa por ello, así como por otros intentos de violación, uno de ellos en 2019.

El discurso victimista (se dice «traumatizado por lo vivido» en su infancia) ha sostenido casi toda su declaración, también trufada de momentos de lo más sorprendentes, como cuando, a la pregunta de si ha perdido definitivamente a su mujer, ha respondido un «quizás». «Porque siempre se guarda la esperanza».

O como cuando, sabiendo que alentaba a sus invitados a violar a su mujer sin preservativo, le han preguntado sobre uno de ellos, que es seropositivo, y ha contestado: «He tenido miedo por ella». Apenas ha cambiado el gesto, poco expresivo, declaraba como si la cosa no fuera con él.

En otro momento de la declaración, hablando sobre por qué grababa los vídeos de las violaciones, ha dicho: «gracias a eso se ha podido saber quienes participaron en los actos». Sus palabras han generado risas en los bancos donde están los acusados. 35 de ellos reconocen los hechos, pero el resto alega que Pélicot les manipuló y les dijo que era un juego de pareja. «Nunca he manipulado a nadie, todos vinieron voluntariamente», ha dicho él.

El retrato que hacen los psicólogos es el de un perverso, narcisista, sádico, con cero empatía, un gran manipulador y con numerosas parafilias (desviaciones sexuales, entre ellas la somnofilia, el voyerismo o el fetichismo), sin patologías mentales que le impidan distinguir el bien y el mal, y con doble personalidad, como se ha mostrado en la sala, cuando decía que violaba a su mujer y al rato, que la quería, sin cambiar de expresión entre uno y otro.

«Aunque parezca paradójico, nunca he considerado a mi mujer como un objeto aunque los vídeos digan lo contrario», ha señalado. Pélicot se dirige a ella como «mi esposa». En un momento de su declaración, sin cambiar el semblante, ha repetido: «La he querido siempre. Nunca debí haber hecho esto, lo he estropeado todo y He perdido todo. Debo pagar».

Ha negado que sea pedófilo, dice que nunca ha tocado a sus nietos, como sospechan las mujeres de sus dos hijos. También ha negado haber drogado a su hija, Caroline, aunque se encontraron fotos de ella, que habían sido borradas, en las que se la ve dormida. Ha sido uno de los momentos más tensos: cuando ha dicho que él no ha hecho esa foto. Acorralado por el abogado de ella, y ante la evidencia, ha insistido: «Nunca la he tocado». Ella, visiblemente afectada, ha protestado: «Mientes». En un momento dado ha salido de la sala y ha dicho: Voy a vomitar».

Durante todo su relato, Pélicot ha justificado su comportamiento en su adicción, que, dice, es superior a él, y en los «traumatismos» por los abusos que recibió y lo que su padre le hacía a su madre. «Se me acusa de muchas cosas, pero uno no es así, perverso, uno se convierte en perverso», ha justificado. «Lo que he hecho es abominable», ha admitido.

El presidente del tribunal le ha preguntado si, en algún momento, su mujer pudo estar en capacidad de consentir un acto sexual. «No», ha respondido. Algunos de los acusados niegan que fuera una violación porque creían que eran consentido, a pesar de que Gisèle Pélicot estaba inconsciente.

El caso tiene un gran impacto mediático, no sólo por la gravedad de los hechos y el número de acusados, sino también por el hecho de que la víctima, de 70 años, ha decidido que el proceso sea abierto. Ella misma acude a las audiencias a cara descubierta, como ha hecho hoy, porque «la vergüenza debe cambiar de bando». A la salida de la audiencia, tras escuchar durante horas el relato del marido que la violó y la puso a disposición de otros, Gisèle ha sido despedida con un gran aplauso de los asistentes a la audiencia.