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Enzo Ferrari, la historia en ruedas

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Nacido en Módena Italia en 1898, la pasión de Enzo Ferrari por la velocidad comenzó cuando, con apenas diez años, su padre lo llevó a presenciar una carrera. A partir de ese momento supo que quería dedicar su vida al automovilismo. 

 

Con la idea de que heredasen el negocio familiar, su padre hizo que tanto Enzo como su hermano mayor, Alfredino, estudiasen ingeniería mecánica. Pero, el estallido de la I Guerra Mundial alteró todos sus planes.  

 

Enzo Ferrari fue llamado a filas un año más tarde, aunque regresó a casa tras sufrir una fuerte neumonía. Entretanto, la empresa familiar había quebrado y Enzo decidió invertir gran parte del patrimonio que se había salvado en preparar los Alfa Romeo de la época para la competición. Muy pronto, comenzó a despuntar como un piloto arriesgado y competitivo. 

 

En 1923, utilizó como por primera vez el «cavallino rampante» como emblema de sus vehículos y seis años más tarde, creó la Escudería Ferrari donde se volcó en el diseño y la fabricación de vehículos de competición. Sin embargo, el estallido de la II Guerra Mundial detuvo el proyecto y la factoría Ferrari de Módena se convirtió en una fábrica de armamento militar. 

 

La planta fue bombardeada en 1944 y Ferrari se vio obligado a trasladar las instalaciones a Maranello. Allí construyó los primeros bólidos que dominaron el panorama automovilístico durante los años 40 y 50. En 1956 su hijo Dino, destinado a ser su sucesor, fallecíó con sólo 25 años. En señal de luto permanente, comenzó a lucir las características gafas negras que le acompañarían hasta su muerte. 

 

Hasta 1957, al menos 50 personas, habían muerto en accidentes en los que había algún Ferrari involucrado, en parte porque la escudería sólo fichaba a pilotos que corrían al límite, poniendo su vida en peligro por ganar carreras. La justicia italiana abrió una investigación y la prensa empezó a cebarse con la figura de Enzo Ferrari. 

 

A pesar haber revolucionado el mundo del automovilismo, Enzo Ferrari jamás aceptó que lo definieran como un triunfador. En su conciencia pesaba la pérdida de su mujer, la muerte de su hijo, la desaparición de su primera fábrica y todos los malogrados pilotos que fallecieron a bordo de un Ferrari.