La entrada de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, en la carrera por la Casa Blanca, ha puesto a Donald Trump en una situación inusual para él: competir por la atención de los medios de comunicación y las redes sociales ante un Partido Demócrata unido. En 2016, los demócratas estaban divididos entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. 2020, él era el presidente, así que tenía todos los focos centrados en su persona. En 2024, la escasa actividad electoral pública de Joe Biden, incluyendo redes sociales y grandes mítines, también había dejado ese terreno a Trump.
Eso ahora ha cambiado. Harris parece muy cómoda en sus comparecencias públicas, y su presencia en redes sociales en las que Trump está presente pero Biden brillaba por su ausencia -como TikTok- han supuesto un cambio en la dinámica de la campaña, al menos por el momento. A eso se suma el desencanto republicano con la selección del senador J.D. Vance como candidato a la vicepresidencia.
El problema de Vance es que no aporta votos extra a Trump, sino que simplemente consolida a su base, porque su electorado es exactamente el núcleo ‘duro’ de los votantes del ex presidente. Por el contrario, Harris expande la base demócrata, ya que parece estar atrayendo a las mujeres, los jóvenes, los afroamericanos, los hispanos y los asiáticos, cuatro grupos demográficos sin los que ese partido no puede ganar las elecciones. No todo son ganancias netas, claro está. Harris también va a ahuyentar a una parte del voto blanco de centro que apoyaba a Biden, con lo que al final el resultado de su candidatura en términos de apoyos en las urnas puede ser menor de lo que parece ahora, cuando la vicepresidenta está experimentando una subida en los sondeos que es relativamente normal después del nombramiento de un candidato.
Entretanto, los demócratas están unidos alrededor de la vicepresidenta. El partido sigue apretando el acelerador para consolidar su candidatura, no solo por medio de las adhesiones inquebrantables a la nueva candidata sino, también, del establecimiento de procedimientos para que su posición de aspirante a la Casa Blanca quede totalmente blindada lo antes posible.
Así, el Comité de Reglas del Partido Demócrata ha establecido un nuevo calendario para que Harris sea nombrada oficialmente candidata a la jefatura del Estado y del Gobierno que prácticamente imposibilita la presentación de cualquier rival. Para ello, ha adoptado tres decisiones. La primera hace casi imposible que nadie pueda presentarse. La segunda adelanta la nominación de ésta, para que así la Convención sea una especie de ‘coronación’ y una ceremonia de la unidad en la que Joe Biden será homenajeado en la entrega del testigo a su vicepresidenta. La tercera da una libertad casi absoluta al nominado —o sea, a Harris— para nombrar candidato a vicepresidente.
Para ello, el Comité, actuando como una ‘correa se transmisión’ de los ‘pesos pesados’ del partido, ha adelantado en tres días —del 30 al 27 de julio— el plazo límite para la presentación de candidaturas a la presidencia. Eso implica que el sábado a las 6 de la tarde, hora de Washington (medianoche hora peninsular española) quien quiera disputar el cargo a Harris deberá haber formalizado su candidatura.
Es un plazo muy corto, que, además, se suma al adelantamiento de la fecha tope para la presentación de avales para la candidatura. Quien se presente contra Harris tendrá hasta el día 30 —el martes— para lograr la firma de 300 delgado (de los que además solo un máximo de 50 pueden ser del mismo estado) con los que ratificar su decisión de entrar en la campaña.
A continuación, llegará una votación virtual de los delegados para oficializar la candidatura de Harris. Ésta se producirá el 1 de agosto, si solo ella es la candidata, o el 7, si hay más aspirantes. No hay ninguna necesidad de un voto telemático, un procedimiento que se utilizó en 2020 debido a las restricciones causadas por el Covid-19, pero que en 2024 no tiene razón de ser. La razón obvia es que Harris llegue a la Convención Demócrata que arranca el día 19 como ‘lideresa’ consolidada. Incluso aunque el voto online fuera el 7, haría falta un milagro para que un eventual rival de la vicepresidenta pudiera hacer la más mínima campaña con la que convencer a algún delegado.
Y, para remachar, el candidato a presidente podrá tomarse el tiempo que quiera para decidir quién será su compañero en el asalto a la Casa Blanca. Eso implica que Harris tiene hasta el 19 para elegir al candidato a vicepresidente, que será ratificado, con toda probabilidad, en la Convención.










