Este 23 de agosto se conmemora el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición. El Papa Francisco reconoció en su cuenta de twitter que «La trata de seres humanos, de órganos, el trabajo forzado y la prostitución son esclavitudes modernas y crímenes contra la humanidad.»
UNESCO celebra este día en memoria a que en la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, se produjo en Santo Domingo (actualmente Haití y la República Dominicana) el comienzo de una sublevación que sería de decisiva importancia para la abolición del comercio de esclavos. Desde el siglo XV, personas negras raptadas en África fueron sometidas a la esclavitud, una forma de avasallamiento y apropiación de la fuerza de trabajo por parte de sus semejantes.
Con el descubrimiento de América por los occidentales, se establece la trata de negros a gran escala. Los españoles y los portugueses, que se reparten el Nuevo Mundo ya en 1493, desean explotar estas regiones. Pero en algunas de ellas, y en particular en las Antillas, las poblaciones habían quedado diezmadas por las guerras, las enfermedades importadas de Europa y los malos tratos.
La explotación de las tierras americanas, de las minas de oro y de plata requerían una mano de obra abundante, robusta y, de ser posible, barata. Bartolomé de Las Casas, conmovido por los malos tratos que se infligían a los indios, recomendaba ir a África para buscar esclavos africanos, por considerar que tenían una naturaleza más robusta.
La trata de negros, conocida con el nombre de «comercio triangular», se desarrolló muy rápidamente. Se estima que entre 25 y 30 millones de personas fueron deportadas, sin contar el número de muertos en los navíos y las guerras.










